¿Quién fue Edgar Cayce?


Año tras año, miles de personas, en el mundo entero, descubren la vida y la obra de un hombre que fue semejante a tantos otros en muchos sentidos, esposo amoroso, padre de dos hijos, fotógrafo apasionado, catequista ferviente y aficionado a la jardinería; pero que se destacó por su talento psíquico, uno de los más vastos y fiables de todos los tiempos. Este hombre se llamaba Edgar Cayce.
Durante cuarenta y tres años, efectuó "lecturas" en un estado de sueño autohipnótico, con la finalidad de ayudar a la gente. Se tendía en un sofá, cruzaba las manos sobre el plexo solar y entraba en trance. Entonces, bastaba indicarle el nombre de alguna persona y el lugar en que ésta se hallaba, dondequiera que fuese, para que pudiera hablar de ella y contestar las preguntas que se le hicieran acerca de la misma. Cayce generalmente disertaba con su voz habitual; una estenógrafa anotaba lo que se decía en la sesión, luego lo escribía a máquina, enviaba el original al interesado y archivaba el duplicado.
Hoy en día, el A.R.E. (Association for Research and Enlightenment, Inc.), asociación que creó Edgar Cayce en 1931 en Virginia Beach, Virginia, pone a la disposición del público, en su biblioteca, 14 306 lecturas realizadas por Cayce, a las cuales se agregaron los testimonios, los comentarios y los seguimientos correspondientes. Esas lecturas representan el más considerable conjunto de documentos psíquicos de la misma procedencia. El A.R.E., que sólo tenía algunos cientos de miembros cuando Cayce falleció en 1945, es actualmente una organización de envergadura mundial. Permite a numerosas personas transformar su existencia gracias a la obra de este hombre muy sencillo que manifestó excepcionales facultades psíquicas.
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Edgar Cayce nació cerca de Hopkinsville, en el Estado de Kentucky, el 18 de marzo de 1877. Siendo el mayor de cinco hijos, se crió con sus cuatro hermanas en el ambiente de la vida rural de fines del siglo XIX, rodeado de sus abuelos, tíos y primos, que residían en los alrededores. Solía jugar con compañeritos ficticios, quienes fueron desapareciendo según él crecía. En aquella época, gran parte del país experimentaba un renacimiento religioso cuyo fervor podía explicar, al menos parcialmente, el profundo atractivo de Edgar por la Biblia y su aspiración de llegar a ser médico misionero. A esa edad, nadie hubiera sospechado la manera singular en que su sueño se concretaría.
A los seis o siete años, contó a sus padres que tenía visiones sobrenaturales y que hablaba con su difunto abuelo. Ellos no le hicieron mucho caso, pensando que se trataba del fruto de una imaginación demasiado fértil. Edgar se refugiaba en la lectura de la Biblia, lo que le causaba tanta satisfacción que resolvió leer las Sagradas Escrituras del principio al fin una vez por cada año de su vida. Las historias y los personajes bíblicos ocuparon así un sitio privilegiado en su existencia. A los trece años, tuvo una experiencia que le impactó para siempre: la aparición de un ser angelical, una bella dama, quien le preguntó qué era lo que más anhelaba. Edgar contestó que deseaba asistir a otros, en particular a niños enfermos.
Al poco tiempo, se percató de que le era posible memorizar sus manuales escolares durmiendo un rato sobre los mismos, aptitud que ya no podía atribuirse a una imaginación desbordante. Sin haberlos leído previamente, era capaz de dormirse sobre libros o documentos de cualquier tamaño o complejidad y, al despertar, de repetir su contenido exacto. Esta habilidad le favoreció en sus estudios, pero fue desvaneciéndose. A fin de ayudar económicamente a sus padres, Edgar abandonó la escuela a los dieciséis años y trabajó con un tío en la hacienda de su abuela.
El año siguiente, la familia se instaló en Hopkinsville. Edgar encontró empleo en una librería. Algunos meses más tarde, conoció a Gertrude Evans, de quien se enamoró. El 14 de marzo de 1897, cuatro días antes de cumplir veinte años, se comprometió con ella. Ambos decidieron casarse en cuanto él tuviera los recursos necesarios para fundar un hogar.
Edgar perdió su cargo en junio de 1898 y pasó a ser vendedor en una gran tienda. En breve se trasladó a Louisville, ciudad comercial de Kentucky donde había conseguido un trabajo mejor remunerado en una importante librería. En la Navidad de 1899, regresó a Hopkinsville y se asoció con su padre, Leslie Cayce, entonces agente de seguros. Edgar empezó a viajar de ciudad en ciudad, vendiendo seguros, así como libros y artículos de oficina. En 1900, a los veintitrés años, cuando su situación económica le permitía vislumbrar un casamiento próximo, sufrió una fuerte afonía después de haber tomado un sedante. Al principio no se inquietó, creyendo que la afección sería pasajera. Viendo que persistía, consultó médicos y especialistas, que no lograron hacerle recuperar la voz. Incapaz de expresarse más allá de un murmullo, renunció a su oficio y buscó otro que no exigiera hablar mucho.
En Hopkinsville le ofrecieron un puesto ideal, como aprendiz de fotógrafo. De hecho, aunque su padecimiento fuera incurable, estaría cerca de Gertrude y de su familia. A menudo lamentaba el no haber podido seguir estudiando para ser médico o predicador. Se reconfortaba leyendo la Biblia y se alegraba con la expectativa de casarse y de tener hijos.
En aquella época, el hipnotismo y los espectáculos teatrales eran muy populares. Un hipnotizador ambulante que se hacía llamar "Hart, ¡el rey de la risa!" llegó al teatro de Hopkinsville con su programa de comedia e hipnotismo. Hart tenía éxito y era concienzudo. Al enterarse de la dolencia de Edgar, aceptó procurar sanarlo. En una primera sesión, Hart lo hipnotizó y le sugirió que iba a recobrar la voz. Para asombro de los presentes, Edgar respondió con un tono normal a las preguntas que se le hicieron. Sin embargo, su cerebro no acató la sugestión post-hipnótica de continuar hablando claramente después de la sesión. Hart reiteró la tentativa en varias ocasiones, obteniendo siempre el mismo resultado: dormido, Edgar se expresaba de manera perfecta; despierto, volvía a su murmullo anterior. Los periódicos locales relataron la noticia, y cuando Hart se marchó a fin de cumplir con otros compromisos, mucha gente quedó persuadida de que el hipnotismo era, de alguna forma, la solución al problema de Cayce.
Sabiendo que ciertos pacientes bajo hipnosis mostraban facultades de videncia, un especialista de Nueva York, interesado en el caso, aconsejó que se repitiera el experimento pero, esta vez, pidiendo a Edgar que comentara su propia dificultad, en lugar de sólo sugerirle que recuperara la voz. Sus padres se opusieron porque él se había debilitado físicamente desde el inicio de las sesiones con Hart, como si éstas le hubieran quitado la energía del cuerpo. Gertrude no intervino, dejando que su novio eligiera por sí mismo, ya que a Edgar le gustaba la fotografía y que, de un modo u otro, podrían llevar una vida feliz juntos.
Cayce determinó someterse a una última tentativa bajo la supervisión de un autodidacta de la localidad, Al Layne, quien practicaba el hipnotismo y tomaba cursos de osteopatía por correspondencia. Además, propuso entrar en un estado similar al que le permitía memorizar sus libros de escuela en su adolescencia. Cuando estuvo dormido, Layne le preguntó cuál era la causa de su mal y la manera de curarlo. ¡Y Cayce contestó! Definió el problema como un trastorno psicológico que producía un efecto físico y recomendó que, mientras estaba inconsciente, se le sugiriera que intensificara la circulación sanguínea en las áreas afectadas. Layne respetó las instrucciones. Se pudo observar cómo la parte superior del pecho y la garganta de Edgar se tornaron color escarlata y calientes al tacto. Edgar permaneció unos veinte minutos así, en silencio; luego pidió que, antes de despertarlo, se le diera la orden de regularizar la circulación sanguínea. Layne siguió estas indicaciones y, despierto, Cayce se expresaba a la perfección, sanado de la dolencia que había sufrido durante un año. En esa fecha, 31 de marzo de 1901, Edgar Cayce había efectuado su primera lectura psíquica.
Tanto él como sus padres y Gertrude se regocijaron de ese desenlace inesperado. Ahora, su meta era forjarse un porvenir en la fotografía y casarse pronto. Cayce, en consecuencia, hubiera desatendido su don inapreciable, a no ser por el interés de Layne en el extraordinario fenómeno que había presenciado. Desde años atrás, Layne padecía molestias gástricas que los doctores no lograban aliviar, y se le ocurrió solicitar una lectura al respecto. Estaba seguro de que sus conocimientos médicos le harían identificar cualquier sugerencia terapéutica perjudicial que pudiera mencionar Cayce. A pesar de su escepticismo, éste aceptó, pues se sentía obligado con Layne por haberle ayudado a recobrar la voz. La lectura se realizó de forma análoga a la anterior. Dormido, Edgar describió la afección en detalle y mandó ciertas hierbas medicinales, un régimen alimenticio y ejercicios físicos. En una semana, Layne se había mejorado tanto que se entusiasmó aún más con la facultad de Cayce. Le alentó a que diera importancia a su habilidad e intentara resolver otros casos.
Edgar vaciló, porque no entendía el fenómeno ni conocía nada de medicina. Aparte de esto, sólo deseaba casarse, tener hijos y llevar una vida tranquila. Pero Layne le repetía que si su talento era beneficioso, tenía la responsabilidad moral de usarlo para el bien de la humanidad. Finalmente, después de mucho dialogar en familia, orar y examinar la Biblia, Edgar decidió continuar, poniendo dos condiciones: por un lado, si alguno de sus consejos resultara peligroso, las lecturas se interrumpirían enseguida; por otro lado, las personas involucradas recordarían que él era, ante todo, fotógrafo.
Una de las primeras lecturas se dictó para una niña de cinco años de edad llamada Aime Dietrich, gravemente enferma desde hacía tres años. Como secuela de una gripe, su cerebro había cesado de desarrollarse y frecuentes convulsiones sacudían su pequeño cuerpo. A pesar de las consultas a eminentes médicos y especialistas, su mente se quedaba en blanco y su estado empeoraba.
Layne dirigió la lectura y apuntó lo que dijo Cayce en trance. Éste declaró que el problema había surgido unos días antes de que se resfriara Aime, cuando la niña se había lastimado la columna vertebral al caerse bajando de un coche de caballos (accidente confirmado por la madre); los gérmenes de la gripe se habían alojado en la parte traumatizada de la médula, provocando las convulsiones. Edgar recomendó que Layne efectuara determinadas manipulaciones osteopáticas. En una lectura de control, indicó que las manipulaciones no se habían ejecutado de manera correcta, y dio nuevas instrucciones. Después de varios intentos, se logró lo necesario. A los pocos días, Aime llamó por su nombre a una muñeca con la que solía jugar antes de enfermarse. Más adelante reconoció otros objetos y también a sus padres. Las convulsiones desaparecieron por completo. En menos de tres meses, la niña, absolutamente normal, rebosaba de salud.
Aunque Cayce se alegraba de haber podido ser útil, ¡sólo anhelaba tener una existencia tranquila! No obstante, el entusiasmo de Layne, de su propio padre y de otra gente como los padres de Aime, le hacía cada vez más difícil concretar su deseo. Edgar siguió dictando lecturas gratuitas bajo la supervisión de Layne. Muy pronto, se descubrió que precisaba únicamente el nombre y la ubicación de una persona para describir su estado de salud, diagnosticar sus males, prescribir un tratamiento y contestar las preguntas. Si bien las lecturas le perturbaban, pues raras veces comprendía su significado al leer las notas de Layne, nunca se olvidaba de agradecer a Dios cuando esa facultad le permitía socorrer a alguien.
En aquel entonces, Edgar residía en Bowling Green, a unos cien kilómetros de Hopkinsville, y trabajaba en una librería. Layne iba a verlo todos los domingos a fin de conseguir lecturas para sus pacientes. El 17 de junio de 1903, después de un compromiso de más de seis años, Gertrude Evans y Edgar Cayce celebraron su boda. Edgar no se acostumbraba a las lecturas, pero su vida le satisfacía: tenía una esposa amante, un hogar, un empleo bien remunerado, y daba clases de catecismo. Un año más tarde, montó un estudio fotográfico con un socio.
Gracias a Cayce, Layne vio su reputación y su clientela crecer tanto que resolvió hacerse osteópata profesional. Se fue de Hopkinsville y entró en una escuela de osteopatía al sur de Kentucky. Edgar se equivocaba pensando que esto pondría término a las lecturas. En efecto, había suscitado la curiosidad de un grupo de médicos locales, quienes practicaron sobre él pruebas, algunas dañinas, destinadas a explorar la naturaleza y el origen de su poder psíquico.
Cayce dedicaba la mayor parte de su tiempo a la fotografía y se distinguía en su arte. El estudio prosperaba. Sin embargo, cuando un incendio destruyó una importante colección de acuarelas y de reproducciones que tenía en consignación, Edgar se endeudó. Nueve meses después, otro incendio devastó el estudio. Cayce lo reabrió a las dos semanas, y asumió las pérdidas él solo porque su socio se había retirado. Gertrude retornó a Hopkinsville con Hugh Lynn, su primer hijo, nacido el 16 de marzo de 1907. Edgar permaneció en Bowling Green hasta cubrir su déficit. Se marchó en agosto de 1909, arruinado, y buscó un empleo en el Estado de Alabama, donde los fotógrafos eran escasos.
En Navidad visitó a su familia. Su padre lo presentó al doctor Wesley Ketchum, homeópata recién establecido en la ciudad. Éste, que se había enterado de las lecturas por uno de los pacientes de Layne, le pidió una. Habiéndose diagnosticado una apendicitis, quería saber si Edgar sería capaz de detectarla. Cayce señaló un trastorno muy diferente y propuso un tratamiento sencillo. A fin de ridiculizarlo, Ketchum consultó a otro médico, ¡quien corroboró las declaraciones de Edgar! Así se persuadió de la veracidad de las lecturas.
El doctor Ketchum comenzó a recurrir a la facultad de Cayce para sus casos más delicados. En 1910, envió un informe a la ‘Sociedad Americana de Investigaciones Clínicas’, en el cual calificaba a Cayce de prodigio de la medicina. Resultó que el 9 de octubre, el diario ‘The New York Times’ publicó un largo artículo titulado: "Un hombre inculto se convierte en médico bajo hipnosis". Ante el número de solicitudes para lecturas, provenientes de todo el país, el doctor Wesley Ketchum, Edgar Cayce, Leslie Cayce y Albert Noe, hotelero adinerado, fundaron la ‘Psychic Reading Corporation’ (Sociedad de Lecturas Psíquicas). Edgar regresó a Hopkinsville, donde instaló un estudio fotográfico, el ‘Estudio de Arte Cayce’. Cada día, en sus horas libres, realizaba lecturas psíquicas sobre problemas médicos. No obstante, era mucho más feliz en sus actividades como fotógrafo, y solamente un año después cambiaría de actitud acerca de las lecturas.
En una ocasión, un rico contratista de obras de nombre George Dalton se fracturó la pierna y la rótula en un accidente de trabajo. Varios médicos le dijeron que no volvería a caminar normalmente debido a la gravedad de los daños en la rodilla. No satisfecho con el diagnóstico, Dalton consultó al doctor Ketchum. En una lectura, Edgar aconsejó que se recompusiera la rótula con clavos. Tal procedimiento era desconocido en aquel momento, pero el doctor Ketchum, confiando en Cayce, practicó la operación quirúrgica. En algunos meses, Dalton caminaba como si el accidente no hubiera sucedido.
Gertrude y Edgar tuvieron un segundo hijo en marzo de 1911, Milton Porter. A los pocos días de haber nacido, el bebé sufrió tos convulsiva y luego colitis. A pesar de la intervención de diversos médicos, su salud se deterioró. Los doctores perdieron toda esperanza de salvarlo. Cayce, entonces, efectuó una lectura. Indicó que Milton Porter ya estaba demasiado enfermo e irremediablemente desahuciado. El niño falleció antes de cumplir los dos meses.
Cayce y su esposa cayeron en una profunda depresión. Él se culpaba de no haber pensado en las lecturas desde el principio. Esto quizás hubiera salvado la vida del bebé; mas ahora, ¡nunca lo sabría! Gertrude, por su parte, contrajo una pleuresía que se agudizó con el paso de los meses y la obligó a guardar cama.
A fines del verano, el médico de Gertrude modificó su diagnóstico e informó a Edgar que ella tenía tuberculosis y estaba feneciendo. Un especialista confirmó la terrible realidad y todos, excepto su marido, se resignaron a su muerte inminente. Edgar apeló a una lectura. Ésta daba esperanza, y recomendaba que Gertrude tomara un preparado farmacéutico y se descongestionara los pulmones inhalando los vapores emanados de un barrilito de roble parcialmente lleno de aguardiente de manzana. Los doctores declararon que el remedio sería inútil, pero Ketchum lo prescribió. A los dos días, la fiebre había bajado y Gertrude se sentía más fuerte. Su estado continuó mejorando y, en noviembre, incluso los médicos se mostraron optimistas. En enero de 1912, Gertrude estaba casi totalmente restablecida de su dolencia.
Ese mismo año, un delegado de la universidad de Harvard, el doctor Hugo Münsterberg, llegó a Hopkinsville para indagar el talento psíquico de Cayce. Tenía la firme intención de destruir su renombre probando que no era sino un charlatán. Cuando partió, estaba convencido de la legitimidad y eficacia de las lecturas. Incitó a Edgar a que ejerciera su don fuera de lo común que socorría a tantas personas.
Cayce rompió su asociación con Ketchum y Noe, y se fue a trabajar como fotógrafo a Selma, Alabama. El año siguiente, compró el estudio del cual era gerente, e hizo venir a Gertrude y Hugh Lynn. Allí, pudo escapar a su notoriedad cada vez mayor e iniciar una vida tranquila en familia. Sin embargo, un día, su hijo se quemó severamente los ojos jugando en el estudio con la pólvora de magnesio usada para el flash. Los médicos afirmaron que el niño no recobraría la vista y se pronunciaron a favor de la ablación de un ojo. En una lectura, Cayce aseguró que Hugh Lynn no había perdido la vista; éste necesitaba permanecer en un cuarto oscuro durante dos semanas, teniendo constantemente sobre los ojos compresas impregnadas de la solución recetada por los doctores, a la que se agregó otro ingrediente. No hubo intervención quirúrgica, y cuando se le quitaron los vendajes, ¡el niño veía! Los periódicos locales narraron lo acontecido, de modo que Cayce volvió a ser famoso y a dictar lecturas además de ocuparse de su estudio fotográfico. También, al igual que en todas las ciudades donde había vivido, participaba en las actividades de la parroquia y enseñaba el catecismo. El 9 de febrero de 1918, Gertrude y Edgar tuvieron otro hijo, Edgar Evans.
Con el número creciente de solicitudes para lecturas, surgió una dificultad: mucha gente no encontraba médicos dispuestos a observar las instrucciones de un hombre que ni siquiera conocían y que diagnosticaba, en trance, las enfermedades de pacientes que a menudo él jamás había visto. Cayce empezó a soñar con un hospital en el que doctores, enfermeros y terapeutas aplicarían los tratamientos mencionados en las lecturas.
Este sueño del hospital le llevó a asociarse con hombres que buscaban petróleo en Texas. Edgar viajó a ese Estado para realizar lecturas sobre posibles sitios de explotación. Se edificó una torre y se perforó un pozo, mas nunca se alcanzó el yacimiento a causa de múltiples obstáculos. Subrayando que los datos que proporcionaban no debían utilizarse con fines de lucro personal, las lecturas señalaron que algunos de los socios de Cayce no compartían su anhelo de crear un hospital y sólo querían enriquecerse.
Después de esta tentativa decepcionante que había durado cuatro años, Edgar retornó a Selma. Reanudó su existencia en el punto en que la había dejado, con su esposa, sus dos hijos, su trabajo y su función en la Iglesia. Sus clases de catecismo se hicieron las más populares de la región, gracias a la capacidad que tenía de dar vida a los personajes y a los relatos bíblicos. En septiembre de 1923, contrató a Gladys Davis como secretaria para que transcribiese todo lo que se decía en las lecturas, en aquel entonces conducidas por Gertrude.
Hasta esa época, la información psíquica comunicada por Cayce trataba exclusivamente de medicina. No obstante, Arthur Lammers, impresor en la ciudad de Dayton, Ohio, apasionado por la filosofía y la metafísica, pidió una lectura acerca de su horóscopo. En la parte final, Edgar enunció que Lammers había sido monje en el pasado, planteando así la hipótesis de la reencarnación y abriendo la puerta a nuevas perspectivas.
Esta revelación constituyó un dilema para Cayce: él no dudaba de la utilidad y de la exactitud de las lecturas en materia de salud; pero tal referencia directa a la reencarnación le parecía oponerse a los principios cristianos tradicionales. Rezó al respecto, interrogó su ser interior, efectuó lecturas, y releyó la Biblia completa manteniendo la idea de la reencarnación. De esta manera, adquirió una sublime visión de unidad entre las grandes religiones del mundo, centrada en el cristianismo.
Edgar Cayce descubrió que el concepto de la reencarnación se basaba en las siguientes nociones filosóficas: la vida es eterna y tiene un propósito; todo lo que existe emana de Dios y forma parte de Dios; como almas, somos hijos del Creador y, por ende, iguales; hemos recibido el libre albedrío — un día, elegimos el camino del altruismo. Cayce se dio cuenta de que la reencarnación, compatible con cualquier religión, concordaba con su propio entendimiento de las enseñanzas de Cristo.
A partir de ese momento, Edgar realizó lecturas, no sólo sobre el cuerpo físico, sino también sobre la mente y el alma, así como sobre las vidas anteriores de la gente que lo consultaba y las repercusiones de dichas experiencias previas en su encarnación actual. Estas disertaciones fueron denominadas "lecturas de vida". Con el tiempo, la información transmitida se diversificó y abarcó una amplia gama de asuntos. Entre otros, abordó preceptos mentales y espirituales, puntos de vista inéditos concernientes a la psicología y a la parapsicología, consejos para mejorar nuestras relaciones personales, la historia de la Creación, las civilizaciones desaparecidas, una descripción fascinante de la vida de Jesús.
Siendo cada vez más solicitado, Cayce abandonó su estudio fotográfico a fin de dedicarse plenamente a las lecturas y de buscar apoyo financiero para la edificación del hospital. Comenzó a aceptar donaciones, aunque nunca se negó a ayudar a quienes no podían pagar. Debido al indiscutible beneficio de las lecturas, varias personas se ofrecieron a patrocinar el hospital con el que tanto soñaba. Sin embargo, un grupo quería construirlo en Chicago, otro en Dayton, mientras que las lecturas especificaban Virginia Beach o sus alrededores. Finalmente, Morton Blumenthal, agente de cambio en la bolsa de valores de Nueva York, consintió en financiar el proyecto en el lugar indicado.
En septiembre de 1925, la familia Cayce y Gladys Davis se mudaron a Virginia Beach, Virginia. En 1927, se fundó una organización, ‘Association of National Investigators, Inc.’ (Asociación de Investigadores Nacionales), para analizar y experimentar la información contenida en las lecturas. Su lema era: "Manifestemos nuestro amor por Dios y la humanidad." Un año después, el 11 de noviembre de 1928, se inauguró el Hospital Edgar Cayce. Los pacientes acudían de todo el país, deseosos de conseguir lecturas y de ser atendidos por un personal competente. En las lecturas, Cayce diagnosticaba las enfermedades y prescribía diversos métodos de tratamiento, desde una modificación del régimen alimenticio hasta una intervención quirúrgica. No favorecía ninguna rama de la medicina, sino que las recomendaba todas, seleccionando en cada caso las más adecuadas.
En octubre de 1929, empezó la gran crisis económica. A pesar de ésta, se abrió en 1930, con orientación humanística, ‘Atlantic University’ (Universidad Atlántica). El hospital funcionó hasta febrero de 1931, fecha en la cual tuvo que cerrar y la organización disolverse, por falta de recursos financieros. La universidad logró sobrevivir hasta Navidad.
En junio del mismo año, se creó el A.R.E., ‘Association for Research and Enlightenment, Inc.’ (Asociación para la Investigación y el Desarrollo Espiritual), con el objetivo de estudiar y de difundir las lecturas de Cayce. La Asociación se concentró esencialmente en la medicina holística y la curación espiritual; la reencarnación; los sueños y su interpretación; los fenómenos psíquicos; el poder de la mente; la oración y la meditación; los principios filosóficos y espirituales.
Numerosas personas que querían desarrollar su percepción extrasensorial se dirigieron a Edgar Cayce. Él solía contestarles que primero debían esforzarse por elevar su nivel de conciencia, ya que lo psíquico provenía del alma. Les aseguraba que si cultivaban los valores espirituales, sus facultades psíquicas se acentuarían de manera natural, según sus necesidades y el motivo de su presente encarnación. Cayce les explicaba que, de estar dispuestos a incorporar los preceptos de las lecturas a sus creencias religiosas o filosóficas, obtendrían resultados provechosos; de lo contrario, más valía que dejaran de lado la información de las lecturas y se olvidaran de ellas.
Con los años, se ampliaron las aptitudes psíquicas de Cayce. En una oportunidad, salió corriendo de la habitación donde se hallaba, totalmente angustiado porque acababa de ver que tres soldados jóvenes, en quienes estaba pensando, no regresarían de la guerra. También, distinguía las auras, definidas como el campo de energía luminosa existente alrededor de las cosas vivientes. A través de las mismas, percibía el estado físico y emocional de la gente.
A medida que se extendía su reputación, más escépticos llegaban a Virginia Beach con el único propósito de acusarlo de fraude. Tarde o temprano, todos se convencían de su sinceridad y de la autenticidad de su obra, y muchos solicitaban lecturas. Uno de ellos, el escritor Thomas Sugrue, católico ferviente que había venido con la intención de poner en evidencia lo que consideraba una impostura, terminó redactando la biografía "There is a River" ("Existe un río"), publicada en 1943 mientras Cayce aún vivía. De modo similar, la revista ‘Coronet’, sumamente popular en aquella época, divulgó las conclusiones de su indagación en un artículo titulado: "El hombre milagroso de Virginia Beach". Este reportaje tuvo tanto éxito que Cayce se hizo más famoso que nunca.
En plena segunda guerra mundial, Edgar Cayce recibía una voluminosa correspondencia en demanda de ayuda. Incrementó el número de lecturas cotidianas a seis, ignorando sus lecturas personales que le exhortaban a realizar un máximo de dos al día. No obstante, era preciso pedir una lectura con dos años de antelación.
En la primavera de 1944, Edgar comenzó a debilitarse. Aunque las lecturas le aconsejaban reposo, se sentía obligado a continuar asistiendo a quienes recurrían a él. Finalmente, lo venció el agotamiento y, al igual que había efectuado su primera lectura para sí mismo en 1901, se dictó la última, en septiembre de 1944. Ésta le instaba a suspender sus actividades; cuando Gertrude preguntó por cuánto tiempo, la respuesta fue: "Hasta que se recupere o se muera." Casi enseguida sufrió un ataque de apoplejía y quedó parcialmente paralizado. Hacia fines del año, sus amigos temieron lo peor. Edgar les dijo que "sanaría" después de año nuevo, pero ellos comprendieron que anunciaba en realidad su muerte, la cual ocurrió el 3 de enero de 1945. Hasta entonces, nadie se había percatado de que Gertrude, en su generoso afán por ocultar sus propios tormentos, estaba seriamente enferma. Ella expiró unos tres meses más tarde, el domingo de Pascua.
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Mientras los hijos de Cayce combatían en la guerra, Gladys Davis se dedicó a archivar, clasificar y catalogar la información de las lecturas que ella misma había, en gran parte, anotado y dactilografiado con esfuerzo y paciencia. Concluyó el proyecto en 1971, ¡un cuarto de siglo después de haberlo iniciado! En el curso de su trabajo, pudo apreciar la amplitud y la diversidad de los temas mencionados en las lecturas. Éstas cubren unos diez mil asuntos diferentes y contestan casi todas las interrogantes imaginables en el tiempo de Cayce. Además de asumir esa considerable tarea, Gladys fue secretaria de las organizaciones vinculadas a la obra de Cayce, hasta su muerte en 1986 a la edad de ochenta y un años.
Por su parte, Hugh Lynn Cayce se hizo cargo del A.R.E. Despertó el interés de muchos en los conceptos holísticos de las lecturas y en el rol de la Asociación. Cuando falleció en 1982, la cifra total de miembros había aumentado de algunos cientos a decenas de miles. En la actualidad, innumerables personas en el mundo se benefician del legado de Edgar Cayce sobre la salud, la reencarnación, los sueños, la percepción extrasensorial, la meditación, el crecimiento espiritual, el estudio comparativo de las religiones, la existencia después de la muerte, la astrología, las profecías, los problemas mundiales, y más.
¿De dónde provenía el saber comunicado en las lecturas? En general, Cayce lo adquiría de dos maneras distintas: entrando en contacto con el subconsciente de quienes solicitaban las lecturas; y recurriendo a "los registros akáshicos", que él llamaba también "el libro de la memoria de Dios", archivos completos para todas las almas desde su creación, inscritos en las coordenadas espacio-tiempo. Teniendo acceso a las fuentes universales de conocimiento, Cayce era capaz de disertar acerca de cualquier materia.
Hoy en día, varias organizaciones utilizan los datos psíquicos suministrados por Edgar Cayce en trance. El A.R.E., ‘Association for Research and Enlightenment, Inc.’ (Asociación para la Investigación y el Desarrollo Espiritual), es una asociación de envergadura mundial que sigue examinando y documentando los preceptos de las lecturas. Comparte los mismos por medio de publicaciones, de conferencias, de reuniones, así como de actividades educativas, culturales y sociales para adultos y jóvenes. ‘Edgar Cayce Foundation’ (Fundación Edgar Cayce) es una organización autónoma legalmente responsable de las lecturas. Compara las nociones transmitidas por Cayce con las procedentes de otras tendencias. ‘Atlantic University’ (Universidad Atlántica), que había cerrado sus puertas en 1931, las abrió de nuevo en 1985; ofrece un programa de maestría en estudios transpersonales. ‘Cayce-Reilly School of Massotherapy’ (Escuela de Masoterapia Cayce-Reilly) forma masajistas y terapeutas según los fundamentos holísticos de las lecturas. ‘A.R.E. Health Services Department’ (Departamento de Salud del A.R.E.) usa esos conceptos en sus terapias naturales. ‘Health and Rejuvenation Research Center’ (Centro de Investigaciones sobre la Salud y el Rejuvenecimiento) atiende a pacientes y profundiza en los asuntos médicos abordados por Cayce, tomando en cuenta los adelantos de la medicina moderna.
La existencia de todas estas organizaciones atestigua que la información psíquica contenida en las lecturas de Edgar Cayce, fotógrafo de principios del siglo XX oriundo del campo, ha pasado exitosamente la prueba de la intensa investigación a la que está sometida desde hace muchos años.