Año tras
año, miles de personas, en el mundo entero, descubren la
vida y la obra de un hombre que fue semejante a tantos otros en
muchos sentidos, esposo amoroso, padre de dos hijos, fotógrafo
apasionado, catequista ferviente y aficionado a la jardinería;
pero que se destacó por su talento psíquico, uno
de los más vastos y fiables de todos los tiempos. Este
hombre se llamaba Edgar Cayce.
Durante
cuarenta y tres años, efectuó "lecturas"
en un estado de sueño autohipnótico, con la finalidad
de ayudar a la gente. Se tendía en un sofá, cruzaba
las manos sobre el plexo solar y entraba en trance. Entonces,
bastaba indicarle el nombre de alguna persona y el lugar en que
ésta se hallaba, dondequiera que fuese, para que pudiera
hablar de ella y contestar las preguntas que se le hicieran acerca
de la misma. Cayce generalmente disertaba con su voz habitual;
una estenógrafa anotaba lo que se decía en la sesión,
luego lo escribía a máquina, enviaba el original
al interesado y archivaba el duplicado.
Hoy
en día, el A.R.E. (Association for Research and Enlightenment,
Inc.), asociación que creó Edgar Cayce en 1931 en
Virginia Beach, Virginia, pone a la disposición del público,
en su biblioteca, 14 306 lecturas realizadas por Cayce, a las
cuales se agregaron los testimonios, los comentarios y los seguimientos
correspondientes. Esas lecturas representan el más considerable
conjunto de documentos psíquicos de la misma procedencia.
El A.R.E., que sólo tenía algunos cientos de miembros
cuando Cayce falleció en 1945, es actualmente una organización
de envergadura mundial. Permite a numerosas personas transformar
su existencia gracias a la obra de este hombre muy sencillo que
manifestó excepcionales facultades psíquicas.
~
Edgar Cayce nació cerca de Hopkinsville, en el Estado de
Kentucky, el 18 de marzo de 1877. Siendo el mayor de cinco hijos,
se crió con sus cuatro hermanas en el ambiente de la vida
rural de fines del siglo XIX, rodeado de sus abuelos, tíos
y primos, que residían en los alrededores. Solía
jugar con compañeritos ficticios, quienes fueron desapareciendo
según él crecía. En aquella época,
gran parte del país experimentaba un renacimiento religioso
cuyo fervor podía explicar, al menos parcialmente, el profundo
atractivo de Edgar por la Biblia y su aspiración de llegar
a ser médico misionero. A esa edad, nadie hubiera sospechado
la manera singular en que su sueño se concretaría.
A
los seis o siete años, contó a sus padres que tenía
visiones sobrenaturales y que hablaba con su difunto abuelo. Ellos
no le hicieron mucho caso, pensando que se trataba del fruto de
una imaginación demasiado fértil. Edgar se refugiaba
en la lectura de la Biblia, lo que le causaba tanta satisfacción
que resolvió leer las Sagradas Escrituras del principio
al fin una vez por cada año de su vida. Las historias y
los personajes bíblicos ocuparon así un sitio privilegiado
en su existencia. A los trece años, tuvo una experiencia
que le impactó para siempre: la aparición de un
ser angelical, una bella dama, quien le preguntó qué
era lo que más anhelaba. Edgar contestó que deseaba
asistir a otros, en particular a niños enfermos.
Al
poco tiempo, se percató de que le era posible memorizar
sus manuales escolares durmiendo un rato sobre los mismos, aptitud
que ya no podía atribuirse a una imaginación desbordante.
Sin haberlos leído previamente, era capaz de dormirse sobre
libros o documentos de cualquier tamaño o complejidad y,
al despertar, de repetir su contenido exacto. Esta habilidad le
favoreció en sus estudios, pero fue desvaneciéndose.
A fin de ayudar económicamente a sus padres, Edgar abandonó
la escuela a los dieciséis años y trabajó
con un tío en la hacienda de su abuela.
El
año siguiente, la familia se instaló en Hopkinsville.
Edgar encontró empleo en una librería. Algunos meses
más tarde, conoció a Gertrude Evans, de quien se
enamoró. El 14 de marzo de 1897, cuatro días antes
de cumplir veinte años, se comprometió con ella.
Ambos decidieron casarse en cuanto él tuviera los recursos
necesarios para fundar un hogar.
Edgar
perdió su cargo en junio de 1898 y pasó a ser vendedor
en una gran tienda. En breve se trasladó a Louisville,
ciudad comercial de Kentucky donde había conseguido un
trabajo mejor remunerado en una importante librería. En
la Navidad de 1899, regresó a Hopkinsville y se asoció
con su padre, Leslie Cayce, entonces agente de seguros. Edgar
empezó a viajar de ciudad en ciudad, vendiendo seguros,
así como libros y artículos de oficina. En 1900,
a los veintitrés años, cuando su situación
económica le permitía vislumbrar un casamiento próximo,
sufrió una fuerte afonía después de haber
tomado un sedante. Al principio no se inquietó, creyendo
que la afección sería pasajera. Viendo que persistía,
consultó médicos y especialistas, que no lograron
hacerle recuperar la voz. Incapaz de expresarse más allá
de un murmullo, renunció a su oficio y buscó otro
que no exigiera hablar mucho.
En
Hopkinsville le ofrecieron un puesto ideal, como aprendiz de fotógrafo.
De hecho, aunque su padecimiento fuera incurable, estaría
cerca de Gertrude y de su familia. A menudo lamentaba el no haber
podido seguir estudiando para ser médico o predicador.
Se reconfortaba leyendo la Biblia y se alegraba con la expectativa
de casarse y de tener hijos.
En
aquella época, el hipnotismo y los espectáculos
teatrales eran muy populares. Un hipnotizador ambulante que se
hacía llamar "Hart, ¡el rey de la risa!"
llegó al teatro de Hopkinsville con su programa de comedia
e hipnotismo. Hart tenía éxito y era concienzudo.
Al enterarse de la dolencia de Edgar, aceptó procurar sanarlo.
En una primera sesión, Hart lo hipnotizó y le sugirió
que iba a recobrar la voz. Para asombro de los presentes, Edgar
respondió con un tono normal a las preguntas que se le
hicieron. Sin embargo, su cerebro no acató la sugestión
post-hipnótica de continuar hablando claramente después
de la sesión. Hart reiteró la tentativa en varias
ocasiones, obteniendo siempre el mismo resultado: dormido, Edgar
se expresaba de manera perfecta; despierto, volvía a su
murmullo anterior. Los periódicos locales relataron la
noticia, y cuando Hart se marchó a fin de cumplir con otros
compromisos, mucha gente quedó persuadida de que el hipnotismo
era, de alguna forma, la solución al problema de Cayce.
Sabiendo
que ciertos pacientes bajo hipnosis mostraban facultades de videncia,
un especialista de Nueva York, interesado en el caso, aconsejó
que se repitiera el experimento pero, esta vez, pidiendo a Edgar
que comentara su propia dificultad, en lugar de sólo sugerirle
que recuperara la voz. Sus padres se opusieron porque él
se había debilitado físicamente desde el inicio
de las sesiones con Hart, como si éstas le hubieran quitado
la energía del cuerpo. Gertrude no intervino, dejando que
su novio eligiera por sí mismo, ya que a Edgar le gustaba
la fotografía y que, de un modo u otro, podrían
llevar una vida feliz juntos.
Cayce
determinó someterse a una última tentativa bajo
la supervisión de un autodidacta de la localidad, Al Layne,
quien practicaba el hipnotismo y tomaba cursos de osteopatía
por correspondencia. Además, propuso entrar en un estado
similar al que le permitía memorizar sus libros de escuela
en su adolescencia. Cuando estuvo dormido, Layne le preguntó
cuál era la causa de su mal y la manera de curarlo. ¡Y
Cayce contestó! Definió el problema como un trastorno
psicológico que producía un efecto físico
y recomendó que, mientras estaba inconsciente, se le sugiriera
que intensificara la circulación sanguínea en las
áreas afectadas. Layne respetó las instrucciones.
Se pudo observar cómo la parte superior del pecho y la
garganta de Edgar se tornaron color escarlata y calientes al tacto.
Edgar permaneció unos veinte minutos así, en silencio;
luego pidió que, antes de despertarlo, se le diera la orden
de regularizar la circulación sanguínea. Layne siguió
estas indicaciones y, despierto, Cayce se expresaba a la perfección,
sanado de la dolencia que había sufrido durante un año.
En esa fecha, 31 de marzo de 1901, Edgar Cayce había efectuado
su primera lectura psíquica.
Tanto
él como sus padres y Gertrude se regocijaron de ese desenlace
inesperado. Ahora, su meta era forjarse un porvenir en la fotografía
y casarse pronto. Cayce, en consecuencia, hubiera desatendido
su don inapreciable, a no ser por el interés de Layne en
el extraordinario fenómeno que había presenciado.
Desde años atrás, Layne padecía molestias
gástricas que los doctores no lograban aliviar, y se le
ocurrió solicitar una lectura al respecto. Estaba seguro
de que sus conocimientos médicos le harían identificar
cualquier sugerencia terapéutica perjudicial que pudiera
mencionar Cayce. A pesar de su escepticismo, éste aceptó,
pues se sentía obligado con Layne por haberle ayudado a
recobrar la voz. La lectura se realizó de forma análoga
a la anterior. Dormido, Edgar describió la afección
en detalle y mandó ciertas hierbas medicinales, un régimen
alimenticio y ejercicios físicos. En una semana, Layne
se había mejorado tanto que se entusiasmó aún
más con la facultad de Cayce. Le alentó a que diera
importancia a su habilidad e intentara resolver otros casos.
Edgar
vaciló, porque no entendía el fenómeno ni
conocía nada de medicina. Aparte de esto, sólo deseaba
casarse, tener hijos y llevar una vida tranquila. Pero Layne le
repetía que si su talento era beneficioso, tenía
la responsabilidad moral de usarlo para el bien de la humanidad.
Finalmente, después de mucho dialogar en familia, orar
y examinar la Biblia, Edgar decidió continuar, poniendo
dos condiciones: por un lado, si alguno de sus consejos resultara
peligroso, las lecturas se interrumpirían enseguida; por
otro lado, las personas involucradas recordarían que él
era, ante todo, fotógrafo.
Una
de las primeras lecturas se dictó para una niña
de cinco años de edad llamada Aime Dietrich, gravemente
enferma desde hacía tres años. Como secuela de una
gripe, su cerebro había cesado de desarrollarse y frecuentes
convulsiones sacudían su pequeño cuerpo. A pesar
de las consultas a eminentes médicos y especialistas, su
mente se quedaba en blanco y su estado empeoraba.
Layne
dirigió la lectura y apuntó lo que dijo Cayce en
trance. Éste declaró que el problema había
surgido unos días antes de que se resfriara Aime, cuando
la niña se había lastimado la columna vertebral
al caerse bajando de un coche de caballos (accidente confirmado
por la madre); los gérmenes de la gripe se habían
alojado en la parte traumatizada de la médula, provocando
las convulsiones. Edgar recomendó que Layne efectuara determinadas
manipulaciones osteopáticas. En una lectura de control,
indicó que las manipulaciones no se habían ejecutado
de manera correcta, y dio nuevas instrucciones. Después
de varios intentos, se logró lo necesario. A los pocos
días, Aime llamó por su nombre a una muñeca
con la que solía jugar antes de enfermarse. Más
adelante reconoció otros objetos y también a sus
padres. Las convulsiones desaparecieron por completo. En menos
de tres meses, la niña, absolutamente normal, rebosaba
de salud.
Aunque
Cayce se alegraba de haber podido ser útil, ¡sólo
anhelaba tener una existencia tranquila! No obstante, el entusiasmo
de Layne, de su propio padre y de otra gente como los padres de
Aime, le hacía cada vez más difícil concretar
su deseo. Edgar siguió dictando lecturas gratuitas bajo
la supervisión de Layne. Muy pronto, se descubrió
que precisaba únicamente el nombre y la ubicación
de una persona para describir su estado de salud, diagnosticar
sus males, prescribir un tratamiento y contestar las preguntas.
Si bien las lecturas le perturbaban, pues raras veces comprendía
su significado al leer las notas de Layne, nunca se olvidaba de
agradecer a Dios cuando esa facultad le permitía socorrer
a alguien.
En
aquel entonces, Edgar residía en Bowling Green, a unos
cien kilómetros de Hopkinsville, y trabajaba en una librería.
Layne iba a verlo todos los domingos a fin de conseguir lecturas
para sus pacientes. El 17 de junio de 1903, después de
un compromiso de más de seis años, Gertrude Evans
y Edgar Cayce celebraron su boda. Edgar no se acostumbraba a las
lecturas, pero su vida le satisfacía: tenía una
esposa amante, un hogar, un empleo bien remunerado, y daba clases
de catecismo. Un año más tarde, montó un
estudio fotográfico con un socio.
Gracias
a Cayce, Layne vio su reputación y su clientela crecer
tanto que resolvió hacerse osteópata profesional.
Se fue de Hopkinsville y entró en una escuela de osteopatía
al sur de Kentucky. Edgar se equivocaba pensando que esto pondría
término a las lecturas. En efecto, había suscitado
la curiosidad de un grupo de médicos locales, quienes practicaron
sobre él pruebas, algunas dañinas, destinadas a
explorar la naturaleza y el origen de su poder psíquico.
Cayce
dedicaba la mayor parte de su tiempo a la fotografía y
se distinguía en su arte. El estudio prosperaba. Sin embargo,
cuando un incendio destruyó una importante colección
de acuarelas y de reproducciones que tenía en consignación,
Edgar se endeudó. Nueve meses después, otro incendio
devastó el estudio. Cayce lo reabrió a las dos semanas,
y asumió las pérdidas él solo porque su socio
se había retirado. Gertrude retornó a Hopkinsville
con Hugh Lynn, su primer hijo, nacido el 16 de marzo de 1907.
Edgar permaneció en Bowling Green hasta cubrir su déficit.
Se marchó en agosto de 1909, arruinado, y buscó
un empleo en el Estado de Alabama, donde los fotógrafos
eran escasos.
En
Navidad visitó a su familia. Su padre lo presentó
al doctor Wesley Ketchum, homeópata recién establecido
en la ciudad. Éste, que se había enterado de las
lecturas por uno de los pacientes de Layne, le pidió una.
Habiéndose diagnosticado una apendicitis, quería
saber si Edgar sería capaz de detectarla. Cayce señaló
un trastorno muy diferente y propuso un tratamiento sencillo.
A fin de ridiculizarlo, Ketchum consultó a otro médico,
¡quien corroboró las declaraciones de Edgar! Así
se persuadió de la veracidad de las lecturas.
El
doctor Ketchum comenzó a recurrir a la facultad de Cayce
para sus casos más delicados. En 1910, envió un
informe a la Sociedad Americana de Investigaciones Clínicas,
en el cual calificaba a Cayce de prodigio de la medicina. Resultó
que el 9 de octubre, el diario The New York Times
publicó un largo artículo titulado: "Un hombre
inculto se convierte en médico bajo hipnosis". Ante
el número de solicitudes para lecturas, provenientes de
todo el país, el doctor Wesley Ketchum, Edgar Cayce, Leslie
Cayce y Albert Noe, hotelero adinerado, fundaron la Psychic
Reading Corporation (Sociedad de Lecturas Psíquicas).
Edgar regresó a Hopkinsville, donde instaló un estudio
fotográfico, el Estudio de Arte Cayce. Cada
día, en sus horas libres, realizaba lecturas psíquicas
sobre problemas médicos. No obstante, era mucho más
feliz en sus actividades como fotógrafo, y solamente un
año después cambiaría de actitud acerca de
las lecturas.
En
una ocasión, un rico contratista de obras de nombre George
Dalton se fracturó la pierna y la rótula en un accidente
de trabajo. Varios médicos le dijeron que no volvería
a caminar normalmente debido a la gravedad de los daños
en la rodilla. No satisfecho con el diagnóstico, Dalton
consultó al doctor Ketchum. En una lectura, Edgar aconsejó
que se recompusiera la rótula con clavos. Tal procedimiento
era desconocido en aquel momento, pero el doctor Ketchum, confiando
en Cayce, practicó la operación quirúrgica.
En algunos meses, Dalton caminaba como si el accidente no hubiera
sucedido.
Gertrude
y Edgar tuvieron un segundo hijo en marzo de 1911, Milton Porter.
A los pocos días de haber nacido, el bebé sufrió
tos convulsiva y luego colitis. A pesar de la intervención
de diversos médicos, su salud se deterioró. Los
doctores perdieron toda esperanza de salvarlo. Cayce, entonces,
efectuó una lectura. Indicó que Milton Porter ya
estaba demasiado enfermo e irremediablemente desahuciado. El niño
falleció antes de cumplir los dos meses.
Cayce
y su esposa cayeron en una profunda depresión. Él
se culpaba de no haber pensado en las lecturas desde el principio.
Esto quizás hubiera salvado la vida del bebé; mas
ahora, ¡nunca lo sabría! Gertrude, por su parte,
contrajo una pleuresía que se agudizó con el paso
de los meses y la obligó a guardar cama.
A
fines del verano, el médico de Gertrude modificó
su diagnóstico e informó a Edgar que ella tenía
tuberculosis y estaba feneciendo. Un especialista confirmó
la terrible realidad y todos, excepto su marido, se resignaron
a su muerte inminente. Edgar apeló a una lectura. Ésta
daba esperanza, y recomendaba que Gertrude tomara un preparado
farmacéutico y se descongestionara los pulmones inhalando
los vapores emanados de un barrilito de roble parcialmente lleno
de aguardiente de manzana. Los doctores declararon que el remedio
sería inútil, pero Ketchum lo prescribió.
A los dos días, la fiebre había bajado y Gertrude
se sentía más fuerte. Su estado continuó
mejorando y, en noviembre, incluso los médicos se mostraron
optimistas. En enero de 1912, Gertrude estaba casi totalmente
restablecida de su dolencia.
Ese
mismo año, un delegado de la universidad de Harvard, el
doctor Hugo Münsterberg, llegó a Hopkinsville para
indagar el talento psíquico de Cayce. Tenía la firme
intención de destruir su renombre probando que no era sino
un charlatán. Cuando partió, estaba convencido de
la legitimidad y eficacia de las lecturas. Incitó a Edgar
a que ejerciera su don fuera de lo común que socorría
a tantas personas.
Cayce
rompió su asociación con Ketchum y Noe, y se fue
a trabajar como fotógrafo a Selma, Alabama. El año
siguiente, compró el estudio del cual era gerente, e hizo
venir a Gertrude y Hugh Lynn. Allí, pudo escapar a su notoriedad
cada vez mayor e iniciar una vida tranquila en familia. Sin embargo,
un día, su hijo se quemó severamente los ojos jugando
en el estudio con la pólvora de magnesio usada para el
flash. Los médicos afirmaron que el niño no recobraría
la vista y se pronunciaron a favor de la ablación de un
ojo. En una lectura, Cayce aseguró que Hugh Lynn no había
perdido la vista; éste necesitaba permanecer en un cuarto
oscuro durante dos semanas, teniendo constantemente sobre los
ojos compresas impregnadas de la solución recetada por
los doctores, a la que se agregó otro ingrediente. No hubo
intervención quirúrgica, y cuando se le quitaron
los vendajes, ¡el niño veía! Los periódicos
locales narraron lo acontecido, de modo que Cayce volvió
a ser famoso y a dictar lecturas además de ocuparse de
su estudio fotográfico. También, al igual que en
todas las ciudades donde había vivido, participaba en las
actividades de la parroquia y enseñaba el catecismo. El
9 de febrero de 1918, Gertrude y Edgar tuvieron otro hijo, Edgar
Evans.
Con
el número creciente de solicitudes para lecturas, surgió
una dificultad: mucha gente no encontraba médicos dispuestos
a observar las instrucciones de un hombre que ni siquiera conocían
y que diagnosticaba, en trance, las enfermedades de pacientes
que a menudo él jamás había visto. Cayce
empezó a soñar con un hospital en el que doctores,
enfermeros y terapeutas aplicarían los tratamientos mencionados
en las lecturas.
Este
sueño del hospital le llevó a asociarse con hombres
que buscaban petróleo en Texas. Edgar viajó a ese
Estado para realizar lecturas sobre posibles sitios de explotación.
Se edificó una torre y se perforó un pozo, mas nunca
se alcanzó el yacimiento a causa de múltiples obstáculos.
Subrayando que los datos que proporcionaban no debían utilizarse
con fines de lucro personal, las lecturas señalaron que
algunos de los socios de Cayce no compartían su anhelo
de crear un hospital y sólo querían enriquecerse.
Después
de esta tentativa decepcionante que había durado cuatro
años, Edgar retornó a Selma. Reanudó su existencia
en el punto en que la había dejado, con su esposa, sus
dos hijos, su trabajo y su función en la Iglesia. Sus clases
de catecismo se hicieron las más populares de la región,
gracias a la capacidad que tenía de dar vida a los personajes
y a los relatos bíblicos. En septiembre de 1923, contrató
a Gladys Davis como secretaria para que transcribiese todo lo
que se decía en las lecturas, en aquel entonces conducidas
por Gertrude.
Hasta
esa época, la información psíquica comunicada
por Cayce trataba exclusivamente de medicina. No obstante, Arthur
Lammers, impresor en la ciudad de Dayton, Ohio, apasionado por
la filosofía y la metafísica, pidió una lectura
acerca de su horóscopo. En la parte final, Edgar enunció
que Lammers había sido monje en el pasado, planteando así
la hipótesis de la reencarnación y abriendo la puerta
a nuevas perspectivas.
Esta
revelación constituyó un dilema para Cayce: él
no dudaba de la utilidad y de la exactitud de las lecturas en
materia de salud; pero tal referencia directa a la reencarnación
le parecía oponerse a los principios cristianos tradicionales.
Rezó al respecto, interrogó su ser interior, efectuó
lecturas, y releyó la Biblia completa manteniendo la idea
de la reencarnación. De esta manera, adquirió una
sublime visión de unidad entre las grandes religiones del
mundo, centrada en el cristianismo.
Edgar
Cayce descubrió que el concepto de la reencarnación
se basaba en las siguientes nociones filosóficas: la vida
es eterna y tiene un propósito; todo lo que existe emana
de Dios y forma parte de Dios; como almas, somos hijos del Creador
y, por ende, iguales; hemos recibido el libre albedrío
un día, elegimos el camino del altruismo. Cayce
se dio cuenta de que la reencarnación, compatible con cualquier
religión, concordaba con su propio entendimiento de las
enseñanzas de Cristo.
A
partir de ese momento, Edgar realizó lecturas, no sólo
sobre el cuerpo físico, sino también sobre la mente
y el alma, así como sobre las vidas anteriores de la gente
que lo consultaba y las repercusiones de dichas experiencias previas
en su encarnación actual. Estas disertaciones fueron denominadas
"lecturas de vida". Con el tiempo, la información
transmitida se diversificó y abarcó una amplia gama
de asuntos. Entre otros, abordó preceptos mentales y espirituales,
puntos de vista inéditos concernientes a la psicología
y a la parapsicología, consejos para mejorar nuestras relaciones
personales, la historia de la Creación, las civilizaciones
desaparecidas, una descripción fascinante de la vida de
Jesús.
Siendo
cada vez más solicitado, Cayce abandonó su estudio
fotográfico a fin de dedicarse plenamente a las lecturas
y de buscar apoyo financiero para la edificación del hospital.
Comenzó a aceptar donaciones, aunque nunca se negó
a ayudar a quienes no podían pagar. Debido al indiscutible
beneficio de las lecturas, varias personas se ofrecieron a patrocinar
el hospital con el que tanto soñaba. Sin embargo, un grupo
quería construirlo en Chicago, otro en Dayton, mientras
que las lecturas especificaban Virginia Beach o sus alrededores.
Finalmente, Morton Blumenthal, agente de cambio en la bolsa de
valores de Nueva York, consintió en financiar el proyecto
en el lugar indicado.
En
septiembre de 1925, la familia Cayce y Gladys Davis se mudaron
a Virginia Beach, Virginia. En 1927, se fundó una organización,
Association of National Investigators, Inc. (Asociación
de Investigadores Nacionales), para analizar y experimentar la
información contenida en las lecturas. Su lema era: "Manifestemos
nuestro amor por Dios y la humanidad." Un año después,
el 11 de noviembre de 1928, se inauguró el Hospital Edgar
Cayce. Los pacientes acudían de todo el país, deseosos
de conseguir lecturas y de ser atendidos por un personal competente.
En las lecturas, Cayce diagnosticaba las enfermedades y prescribía
diversos métodos de tratamiento, desde una modificación
del régimen alimenticio hasta una intervención quirúrgica.
No favorecía ninguna rama de la medicina, sino que las
recomendaba todas, seleccionando en cada caso las más adecuadas.
En
octubre de 1929, empezó la gran crisis económica.
A pesar de ésta, se abrió en 1930, con orientación
humanística, Atlantic University (Universidad
Atlántica). El hospital funcionó hasta febrero de
1931, fecha en la cual tuvo que cerrar y la organización
disolverse, por falta de recursos financieros. La universidad
logró sobrevivir hasta Navidad.
En
junio del mismo año, se creó el A.R.E., Association
for Research and Enlightenment, Inc. (Asociación
para la Investigación y el Desarrollo Espiritual), con
el objetivo de estudiar y de difundir las lecturas de Cayce. La
Asociación se concentró esencialmente en la medicina
holística y la curación espiritual; la reencarnación;
los sueños y su interpretación; los fenómenos
psíquicos; el poder de la mente; la oración y la
meditación; los principios filosóficos y espirituales.
Numerosas
personas que querían desarrollar su percepción extrasensorial
se dirigieron a Edgar Cayce. Él solía contestarles
que primero debían esforzarse por elevar su nivel de conciencia,
ya que lo psíquico provenía del alma. Les aseguraba
que si cultivaban los valores espirituales, sus facultades psíquicas
se acentuarían de manera natural, según sus necesidades
y el motivo de su presente encarnación. Cayce les explicaba
que, de estar dispuestos a incorporar los preceptos de las lecturas
a sus creencias religiosas o filosóficas, obtendrían
resultados provechosos; de lo contrario, más valía
que dejaran de lado la información de las lecturas y se
olvidaran de ellas.
Con
los años, se ampliaron las aptitudes psíquicas de
Cayce. En una oportunidad, salió corriendo de la habitación
donde se hallaba, totalmente angustiado porque acababa de ver
que tres soldados jóvenes, en quienes estaba pensando,
no regresarían de la guerra. También, distinguía
las auras, definidas como el campo de energía luminosa
existente alrededor de las cosas vivientes. A través de
las mismas, percibía el estado físico y emocional
de la gente.
A
medida que se extendía su reputación, más
escépticos llegaban a Virginia Beach con el único
propósito de acusarlo de fraude. Tarde o temprano, todos
se convencían de su sinceridad y de la autenticidad de
su obra, y muchos solicitaban lecturas. Uno de ellos, el escritor
Thomas Sugrue, católico ferviente que había venido
con la intención de poner en evidencia lo que consideraba
una impostura, terminó redactando la biografía "There
is a River" ("Existe un río"), publicada
en 1943 mientras Cayce aún vivía. De modo similar,
la revista Coronet, sumamente popular en aquella época,
divulgó las conclusiones de su indagación en un
artículo titulado: "El hombre milagroso de Virginia
Beach". Este reportaje tuvo tanto éxito que Cayce
se hizo más famoso que nunca.
En
plena segunda guerra mundial, Edgar Cayce recibía una voluminosa
correspondencia en demanda de ayuda. Incrementó el número
de lecturas cotidianas a seis, ignorando sus lecturas personales
que le exhortaban a realizar un máximo de dos al día.
No obstante, era preciso pedir una lectura con dos años
de antelación.
En
la primavera de 1944, Edgar comenzó a debilitarse. Aunque
las lecturas le aconsejaban reposo, se sentía obligado
a continuar asistiendo a quienes recurrían a él.
Finalmente, lo venció el agotamiento y, al igual que había
efectuado su primera lectura para sí mismo en 1901, se
dictó la última, en septiembre de 1944. Ésta
le instaba a suspender sus actividades; cuando Gertrude preguntó
por cuánto tiempo, la respuesta fue: "Hasta que se
recupere o se muera." Casi enseguida sufrió un ataque
de apoplejía y quedó parcialmente paralizado. Hacia
fines del año, sus amigos temieron lo peor. Edgar les dijo
que "sanaría" después de año nuevo,
pero ellos comprendieron que anunciaba en realidad su muerte,
la cual ocurrió el 3 de enero de 1945. Hasta entonces,
nadie se había percatado de que Gertrude, en su generoso
afán por ocultar sus propios tormentos, estaba seriamente
enferma. Ella expiró unos tres meses más tarde,
el domingo de Pascua.
~
Mientras los hijos de Cayce combatían en la guerra, Gladys
Davis se dedicó a archivar, clasificar y catalogar la información
de las lecturas que ella misma había, en gran parte, anotado
y dactilografiado con esfuerzo y paciencia. Concluyó el
proyecto en 1971, ¡un cuarto de siglo después de
haberlo iniciado! En el curso de su trabajo, pudo apreciar la
amplitud y la diversidad de los temas mencionados en las lecturas.
Éstas cubren unos diez mil asuntos diferentes y contestan
casi todas las interrogantes imaginables en el tiempo de Cayce.
Además de asumir esa considerable tarea, Gladys fue secretaria
de las organizaciones vinculadas a la obra de Cayce, hasta su
muerte en 1986 a la edad de ochenta y un años.
Por
su parte, Hugh Lynn Cayce se hizo cargo del A.R.E. Despertó
el interés de muchos en los conceptos holísticos
de las lecturas y en el rol de la Asociación. Cuando
falleció en 1982, la cifra total de miembros había
aumentado de algunos cientos a decenas de miles. En la actualidad,
innumerables personas en el mundo se benefician del legado de
Edgar Cayce sobre la salud, la reencarnación, los sueños,
la percepción extrasensorial, la meditación, el
crecimiento espiritual, el estudio comparativo de las religiones,
la existencia después de la muerte, la astrología,
las profecías, los problemas mundiales, y más.
¿De
dónde provenía el saber comunicado en las lecturas?
En general, Cayce lo adquiría de dos maneras distintas:
entrando en contacto con el subconsciente de quienes solicitaban
las lecturas; y recurriendo a "los registros akáshicos",
que él llamaba también "el libro de la memoria
de Dios", archivos completos para todas las almas desde su
creación, inscritos en las coordenadas espacio-tiempo.
Teniendo acceso a las fuentes universales de conocimiento, Cayce
era capaz de disertar acerca de cualquier materia.
Hoy
en día, varias organizaciones utilizan los datos psíquicos
suministrados por Edgar Cayce en trance. El A.R.E., Association
for Research and Enlightenment, Inc. (Asociación
para la Investigación y el Desarrollo Espiritual), es una
asociación de envergadura mundial que sigue examinando
y documentando los preceptos de las lecturas. Comparte los mismos
por medio de publicaciones, de conferencias, de reuniones, así
como de actividades educativas, culturales y sociales para adultos
y jóvenes. Edgar Cayce Foundation (Fundación
Edgar Cayce) es una organización autónoma legalmente
responsable de las lecturas. Compara las nociones transmitidas
por Cayce con las procedentes de otras tendencias. Atlantic
University (Universidad Atlántica), que había
cerrado sus puertas en 1931, las abrió de nuevo en 1985;
ofrece un programa de maestría en estudios transpersonales.
Cayce-Reilly School of Massotherapy (Escuela de Masoterapia
Cayce-Reilly) forma masajistas y terapeutas según los fundamentos
holísticos de las lecturas. A.R.E. Health Services
Department (Departamento de Salud del A.R.E.) usa esos conceptos
en sus terapias naturales. Health and Rejuvenation Research
Center (Centro de Investigaciones sobre la Salud y el Rejuvenecimiento)
atiende a pacientes y profundiza en los asuntos médicos
abordados por Cayce, tomando en cuenta los adelantos de la medicina
moderna.
La
existencia de todas estas organizaciones atestigua que la información
psíquica contenida en las lecturas de Edgar Cayce, fotógrafo
de principios del siglo XX oriundo del campo, ha pasado exitosamente
la prueba de la intensa investigación a la que está
sometida desde hace muchos años.